La vida puede ser difícil, dura y cansada en ocasiones, pero lo mejor es vivirla intensamente. Vivirla en silencio sólo nos conduce a una existencia gris; tal vez nos ahorramos muchos problemas, pero también perdemos enormes alegrías. La única solución es vivir con pasión y confianza, pues nos hace más felices y sabios.
Parece obvio el darnos permiso para vivir, ya que entendemos que vivimos por el simple hecho de respirar, pero cabe aclarar que vivir y existir son expresiones diferentes. Para algunas la vida consiste en ir "jalando", en sobrevivir, en salir lo más pronto posible de las rutinas diarias: existen, pero no viven.
Por otro lado, hay otras personas que dicen que es mejor evitar que conquistar. Esto quiere decir que tienen tanto miedo que solo viven para controlar. En pocas palabras, prefieren lo menos malo a lo mejor. Vivir es para ellos un peligro, no una oportunidad, por lo tanto, se encierran en rutinas tediosas y en personas de quienes depender. No sienten su vida, la evitan.
Existen también aquellas personas que tienen un escudo en su mente. Pueden hablar de todo, pero no tienen nada de experiencia. Su centro es la razón y se bloquean ante la emoción. El análisis es demasiado, así que no llevan vidas sentidas, sino pensadas.
Después están las perdonas que nunca tienen tiempo de nada porque tienen mucho que hacer. Tienen todo bajo control, excepto lo que de verdad es importante. Les faltan horas porque temen un minuto de paz para meditar sobre su propia existencia. Pierden tiempo llenando tiempo; lo llenan todo porque están vacíos y por supuesto, no tienen vidas sentidas, sino programadas.
Por último, existe un grupo de personas que no pasan por la vida como espectadores o víctimas de las circunstancias que los rodean, sino que se comprometen completamente con la experiencia. Puede ser la experiencia de fallar, de levantarse, de reír, de llorar, de aprender, de enseñar, de trabajar.... y esa es justamente la vida sentida, en la que damos valor a los acontecimientos y enfrentamos lo que nos ocurre con valor. La vida sentida es el concederse permiso para entregarnos incondicionalmente a vivir. Por mucho que lo analicemos, no vivimos separados de la vida, formamos parte de un todo aunque sea poco creíble, y la forma en la convivimos con los demás diariamente tiene una repercusión en este complejo sistema. El darnos permiso para ser felices puede cambiar muchas cosas. Piensa un momento... ¿cómo quieres vivir hoy?
Registro de Fuentes de Información: Guix, Xavier. Date Permiso para ser Feliz. Mente Sana, La revista de Psicología positiva, España, Edición 11, 2008, Págs. 39-44.
Kersey,Cynthia. Nada me Detendrá. Selector, 2002, México.

No hay comentarios:
Publicar un comentario